El despertar de la clase media. Columna Dragones
- 6 feb 2017
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Un sustantivo contingente de comarcanos, convocado por el Frente Ciudadano de La Laguna, participó, ayer, en una Marcha Contra la Corrupción y la Impunidad en Torreón. Simultáneamente a la marcha Enrique Peña Nieto encabezó, en Querétaro, la ceremonia del Centenario de la Constitución Mexicana, que a partir de 1917 es el pilar supremo del proyecto de nación y crisol de los principios y valores de la nación.
Es significativo que al mismo tiempo que se celebra el aniversario cien de la Carta Magna la comunidad lagunera, como la de todo el país, expresa su honda preocupación por la corrupción y la falta de trasparencia en el accionar público. Y es que ese pilar de nuestro proyecto de nación ha sido sistemáticamente derruido, minado, por el peor cáncer de la estructura institucional de la república: la corrupción. A simple retórica política se reducen los derechos de los trabajadores, plasmados en la Constitución, ante un sindicalismo charro que solamente enriquece a sus liderazgos.
Y qué decir de los liderazgos campesinos que medran de los supuestos apoyos al campo convirtiendo la lucha de Zapata y de los agraristas revolucionarios en una utopía. Nadie duda de la transformación que, en 100 años, ha sufrido México en materia logística, tecnológica, de infraestructura; sin embargo, persisten altos niveles de desigualdad, inequidad y pobreza. Altos niveles que mucho tienen que ver con corrupción e impunidad. De acuerdo al Índice de Percepción sobre Corrupción, de Transparencia Internacional, ocupamos el lugar 123 entre 176 naciones, por debajo de Paquistán y El Salvador.
En la última medición México cayó 26 posiciones. Coincido con los analistas que correlacionan los niveles de corrupción y el débil Estado de Derecho con la exigua inversión directa en el país, tanto extranjera, como nacional, lo que explica el también exiguo crecimiento anual de nuestro producto interno bruto. México no genera los suficientes y necesarios empleos y la mayoría de los que genera no son de calidad, hecho que da al traste con la aspiración principalísima que motivó la promulgación de la Constitución del 2017: “la justicia social”, al incorporar los postulados de la revolución y al reconocer los derechos sociales de los mexicanos. Uno de esos derechos, consagrados en la Carta Magna, es el poder de los ciudadanos para elegir, democráticamente, a sus gobernantes y representantes políticos. Derecho que se encuentra en entredicho ante el abrumador financiamiento ilegal de las campañas y el flagrante manipuleo electorero de los programas asistenciales. Elección, tras elección, las arcas públicas se quedan vacías.
Sí, la corrupción es el peor cáncer de nuestras instituciones: anula los derechos civiles, mina la democracia, carcome el sistema público de salud, jode el desarrollo urbano, limita la inversión directa y la competitividad económica. Celebro entonces la iniciativa apartidista de “Movimiento Ciudadano” y la movilización de los laguneros a favor de gobiernos honestos, transparentes, eficientes. Celebro el gran despertar político de la clase media lagunera y en general de la clase media mexicana; un despertar obligado si deseamos que en La Laguna y en el país la constitución del 2017 no siga siendo letra muerta; o moribunda, pues.




















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