No confundas las memelas con las gorditas
- 11 jun 2018
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Coincido con los que suponen que López Obrador, en caso de ganar la presidencia, emulará el modelo político-económico prevaleciente en las épocas del viejo PRI. Lo que no creo es que dicho modelo atente contra los intereses de los grandes capitales locales y que México, en caso de que El Peje emule al viejo PRI, se convierta en un segundo Venezuela. ¿Por qué no lo creo? Porque ambos modelos, el de Chávez-Maduro y el del Viejo PRI, a pesar de ciertas similitudes, no son iguales. Apoyo mi supuesto en las consideraciones siguientes:
Desde Calles hasta López Portillo los gobernantes priistas fueron proclives a la llamada economía mixta, en la cual las empresas del estado convivían con las empresas privadas. Se practicaba un doble discurso. Retóricamente se satanizaba a las grandes empresas, sobre todo a las llamadas multinacionales, pero en la generalidad de los casos el capitalista local era respetado e incluso protegido (con sustantivos subsidios, financiamientos blandos, cierre de mercados) en ciertos sectores de la economía. Es verdad que Cárdenas expropió la industria petrolera y favoreció la Reforma Agraria; sin embargo, fue proclive a la empresa mexicana disminuyendo las importaciones e impulsando el crecimiento de las fuerzas productivas internas. En el sector industrial fomentó que el capital mayoritario fuera mexicano y apoyó el consumo de productos nacionales.
Es verdad que Echeverría y López Portillo fueron presidentes populistas, que destrozaron la estabilidad macroeconómica del país, pero sus gobiernos, a pesar del discurso, no pueden considerarse ni socialistas ni comunistas. Echeverría infló la economía pero también fue el artífice de Cancún, el magno complejo que detonó la inversión privada turística en el Sureste de México. Es verdad que López Portillo expropió la banca, pero también que sus tiempos fueron los mejores tiempos de la Banca de Desarrollo, y que financió, con los famosos Ceprofis, a miles de empresas privadas, pequeñas, medianas y grandes.
Es verdad que Echeverría y López Portillo inflaron la economía, pero nunca en los niveles que lo hicieron Chávez y Maduro. Al final de los gobiernos de los presidentes populistas mexicanos la tasa de inflación anual era del 99% (1982); en contraste, en el país bolivariano la tasa de inflación anual, prevista al cierre del 2018, según las perspectivas del FMI, superará los 13,000% (catastrófico).
Relevante es el hecho de que los tata mandones mexicanos populistas intentaron, al final de su gestión, corregir sus errores seleccionando un sucesor supuestamente experto en economía. Echeverría seleccionó a su secretario de hacienda y López Portillo a Miguel de la Madrid, quien fue el primer mandatario de corte neoliberal, mismo que inició el camino hacia la estabilidad macroeconómica. Sobra decir que Hugo Chávez empoderó a un dictador que agravó la crisis heredada.
Con lo afirmado no pretendo excusar los grandes errores del viejo PRI y sus dañinos efectos; o bien, apoyar la idea de regresar a los modelos económicos que reinaron en el pasado tricolor. Lo que pretendo es expresar mi desacuerdo con aquellos que afirman que si López Obrador llega a Los Pinos emulará al viejo PRI y, necesariamente y como consecuencia, en México se repetirá el caso Venezuela. No confundamos las memelas con las gorditas.
Twitter: @Eduardo_Holguin




















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